Ornella Vallana

Cuando descubres tu real camino e intereses en la vida y decides arriesgar todo para conseguirlo, eso habla de valentía. Ornella vivió en carne propia esta transformación desde estudiar Ingeniería Civil Bioquímica hacia las Relaciones Públicas, enfocadas en el área de la música.

El cambio marcó la diferencia y hoy tiene su propia agencia, encargándose de las redes sociales de artistas y avanzando hacia las nuevas metas que ahora esta joven se ha propuesto en este rubro.

¿A qué te dedicabas antes de las Relaciones Públicas?

Estudié durante muchos años Ingeniería Civil Bioquímica en la PUCV. Además, he trabajado desde los 13 años. He realizado todo tipo de labores, desde clases particulares hasta logística, promociones, servicio al cliente, redes sociales, intérprete, profesora, entre otras cosas. Durante mis años universitarios conocí el mundo de los eventos, a través de los congresos y me enamoré del área. Cuando fui a mis primeros conciertos/festivales el amor fue aún mayor. El hecho de unir logística, eventos, gestión y música fue ya demasiado. Amor empedernido por la industria.

¿Qué provocó que dejaras de dedicarte a la Bioquímica y te enfocaras en Comunicación o Relaciones Públicas?

Durante el último tramo de mis estudios en mi primera carrera, ya me encontraba con bastante desmotivación hacia lo que en un principio me llevó a estudiarla. Si bien, es una carrera hermosa y muy interesante, no me veía en verdad en un futuro trabajando en una planta industrial, en un laboratorio o en una oficina, en proyectos similares. Mi personalidad siempre fue más dinámica. Siempre me gustó relacionarme con las personas, conectar gente, conocer, viajar y por sobre todo la música. Siempre tuve facilidad con las personas, unir a alguien de un extremo con alguien de otro extremo y ayudarlos a encontrar sus similitudes.

Mi desmotivación con respecto a la carrera culminó en un desempeño deficiente durante el último tiempo. Al realizar las prácticas profesionales, mi visión cambió completamente y esto me llevó a no dedicarle a la carrera el tiempo que ameritaba. Resultado, no logré un óptimo desempeño y tuve que pensar más allá las cosas. Llegó un punto de quiebre en el cual tuve que decidir si continuar intentando o si simplemente debía ‘soltar’ o ‘dejar ir’ algo que me estaba costando mucho ya a estas alturas.

De manera paralela a los estudios, siempre estuve trabajando, como contaba anteriormente, en eventos y yendo a muchos, muchos conciertos, festivales, entre otras actividades relacionadas con la música. Comencé a observar, a mirar, a pensar y tratar de entender el cómo se llegaba a realizar cada evento. El ‘tras bambalinas’ o ‘making-of’. Siempre tuve la curiosidad de conocer “cómo se llegaba al producto final”. Le dediqué muy poco tiempo a este trabajo como pasatiempo y avancé rápidamente. En un momento fue tanto el tiempo que me demandaba esta parte de mi vida, que superó con creces el tiempo que le dedicaba a la ingeniería bioquímica. El punto de inflexión para cambiarme de carrera fue el siguiente: pensé en lo que más me amaba en la vida y dije, bueno, esto es la música claramente. Luego, analicé lo siguiente: “si le dedico tan poco tiempo a esto y me ha ido tan bien, qué pasaría si le dedicara toda mi vida?” Y bueno, acá me tienen.

¿Cómo llegas a trabajar en el mundo de la música? ¿Siempre te gusto?

Siempre me gustó la música, de niña. Cuando tenía 7 años entré al conjunto musical de mi colegio en NYC (viví 6 años allá) y fui aceptada sólo por saber todos los temas tocados, pero de oído; no tenía idea de cómo leer una partitura. En la enseñanza media ya en Chile, también participé activamente en el conjunto musical de mi colegio Pan American College y aprendí mucho de música gracias a mi gran profesora Rosa Jofré. Compuse alguna que otra canción breve, intentos de hacer un poco más. Canté durante muchos años con amigos, en un conjunto, a capella. Nos reuníamos sólo a cantar, mucho. Por otro lado, a los 8 años recuerdo haber escuchado mi primer track electrónico, en ese tiempo Dance o Eurobeat y me enamoré claramente del sonido de los bajos y las melodías acordes.

Llegué a trabajar en el mundo de la música a través de la búsqueda de “cómo aportar”. En verdad, lo que buscaba, era poder “ganarme” un ingreso al evento en cuestión. Es decir, ir gratis, pero obviamente aportando algo, no per se. En ese tiempo estudiaba. No tenía ingresos y viajar desde Viña a Santiago a cada evento eran fácil $30.000 – $40.000 pesos invertidos como mínimo, por una noche. Imposible. En la búsqueda de minorizar gastos me puse en contacto con vendedores de entradas a eventos y me dieron la opción de vender también. El acuerdo era cada cierta cantidad de venta, una gratis. Así partió todo. Me tomé tan en serio el tema de venta de entradas que creé una marca para hacerlo. No vendía bajo mi nombre, más bien parecía una empresa, por ende me fue bastante bien. La correcta manera de trabajar me abrió muchas puertas para conocer a productores de eventos en la industria de la música electrónica. Poco a poco me fueron dando misiones y cada vez con más responsabilidad. Hoy en día me encuentro a cargo del área de comunicaciones de una empresa y de la gestión artística, algo para mí totalmente soñado. También por otro lado a través de mi agencia Hi Hat Agency, estoy a cargo de las relaciones públicas y las redes sociales de diversos artistas, todo relacionado a la música electrónica. Doy gracias cada día por el trabajo y la oportunidad que la vida me ha dado de poder hacer lo que me gusta y obtener una recompensa por ello.

¿Fue difícil insertarse y trabajar en algo tan diferente a lo que inicialmente estudiaste?

Realmente no fue tan difícil en la ejecución del cambio. Creo que lo más difícil fue el trabajo personal que había de por medio. El entender por qué no me cambié antes o por qué no me enfrenté a mis miedos y haber dicho quizás más a tiempo: “Hey, Ornella, esto no es lo que tú amas. Deja de pensar en el resto y de una buena vez, sólo piensa en ti”. Creo que a veces uno toma ciertos caminos por obligaciones o porque “no les quedó otra” o por el dinero, pero ciertamente, no hay nada que pueda reemplazar el encontrarse consigo mismo, aceptarse y decir “esto es lo que me gusta” y “esto es lo que voy a hacer”. Hoy más que nunca entiendo que la práctica hace al maestro. Sólo me tomó tiempo darme cuenta que venía en realidad haciendo relaciones públicas desde el primer momento en que decidí vender entradas o quizás desde el primer momento que ayudé a que ciertas personas “conectaran” y nada, es un área que hoy en día está en el peak de su desarrollo, especialmente por todo el boom de internet, redes sociales e interactividad entre empresa y cliente. En la actualidad las relaciones públicas importan. Y mucho.

En el camino te decidiste a emprender, ¿de qué trata tu agencia?

Mi agencia se encarga por ahora de las redes sociales de artistas relacionados con la música electrónica. Más adelante me gustaría ahondar en otras áreas como el booking de artistas o la representación de los mismos. Todo a su tiempo. Si te gusta algo, serás bueno y con orden y disciplina, destacarás, esa es mi ideología.

¿Cuál ha sido la recepción de tu público objetivo, cómo te ha ido, ha cumplido tus objetivos?

Sí, hasta ahora va muy bien. Por supuesto que hay muchas cosas que mejorar. Me gustaría ampliar el equipo de trabajo, pero la verdad es que me cuesta encontrar personas que compartan la misma filosofía mía. Cuesta encontrar personas que sean tan apasionadas, responsables, proactivos y sensibles a la música.

A futuro, ¿cómo te ves en términos de trabajo?

Me gustaría poder ejercer y aplicar al 100 % toda la teoría que estoy aprendiendo en mi nueva carrera, Relaciones Públicas mención Marketing, en la industria de la música electrónica en Chile y por qué no, mundial. Me gustaría en un futuro poder trabajar en Europa, más que nada por el hecho de que la mayoría de las agencias se encuentran allá. Si bien acá ha crecido bastante, allá es mucho más fácil, ya que el 80 % de la industria se encuentra en el Viejo Continente.

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